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NO SOLO LOS PECES CHICOS

Odebrecht y sus esfuerzos por pasar piola

Publicado: 2017-01-10

Pensaba hace semanas en explicar el nombre de este blog: “el orden de lo espontaneo” y cuando me disponía a hacerlo revienta el caso Odebrecht, un contraejemplo perfecto de los males de lo espontáneo. Se me complicó la tarea.  

Con todo derecho muchas personas pueden sostener precisamente que lo espontaneo es caótico y desordenado, que sin reglas firmes todos se pasan de la raya y que los delincuentes de cuello y corbata campean en esa “espontaneidad”. Lo demuestra la trama de Odebrecht y la larga fila de corruptos peruanos entre políticos de todas las tiendas, tecnócratas, empresarios, abogados, periodistas, jueces, fiscales, notarios y un largo etcétera de elementos que presumían de caballeros o damas distinguidos (das), cuando en realidad no fueron más que receptores (ras) de coimas de diverso tamaño venidas de las manos del apresado representante de Odebrecht en el Perú, Jorge Barata, y de su jefe Marcelo Odebrecht. Ambos fueron durante décadas huéspedes distinguidos de todos los presidentes y desde al menos 10 años en Lima (en Miraflores, esquina Espinar con Pardo) anfitriones inmejorables de las opíporas feijoadas conmemorativas de las “fiestas juninas” a las que acudía la trama completa a comer frejoles, beber cachasa y bailar samba o forró.

Animamos entonces a Gustavo Gorriti en su papel de arcángel vengador hasta ver en la prisión a la trama en su totalidad y no solo a los peces chicos. Digo esto porque en el país de los subterfugios el contrataque de los grandes ya se inició: (1) El fiscal de la nación ha anunciado un acuerdo donde no queda claro si Odebrecht, a cambio de un poco de dinero (comparado con el tamaño del robo), renunciará a brindar la lista de nombres completa, (2) empresarios y tecnócratas explican las “desventajas de detener” las concesiones de Odebrecht por alrededor de 10 mil millones de USD, (3) “una cosa son las personas que delinquieron y otra las empresas que ganaron las concesiones” se ha oído decir con más o menos esas palabras a algunos abogados de la trama, y la mejor de todas (4) “no todo lo que ha hecho Odebrecht en el Perú es malo”.

Desde los griegos hasta Hayek (pasando por todos los grandes economistas escoceses), se concibió dos tipos de orden: el creado y el espontaneo. El orden creado era como el orden de la batalla, surgido de un diseño preestablecido, con un creador o una mente omnisciente que tenía claro el objetivo del orden y las funciones de cada una de las partes o personas (o empresas o sociedades). Este es el orden que el Estado quiere al dictar leyes para ordenar conductas y organizar actividades con resultados previstos, bajo una garantía de coerción en caso de transgresiones. El segundo orden, el espontaneo, era para Aristóteles como el cosmos, donde las estrellas obedecen a leyes y principios, aunque aparentan un enorme desorden. En el espontaneo no existe un creador ni un diseño previo, tampoco un fin. Es un orden donde las personas que actúan en él solo pueden percibir fracciones de la información que ahí se mueve. Se trata de un orden más de cooperación que de coerción. El mercado es un típico orden espontaneo para Hayek. Una vez garantizados los derechos de propiedad, las personas interactúan para beneficio individual intercambiando activos, y ese beneficio de uno redunda en el de todos al final.

Lo que debe tenerse en cuenta es que tanto uno como otro tipo de orden, si actúan solos, harán visibles enormes fallas, ya sea por exceso, externalidades o deficiencias. Y también que la verdadera institucionalidad y orden es el producto de la conjugación de ambos. Lo que pasó con Odebrecht es el ejemplo de impunidad planificada para aprovecharse al máximo de una trama organizada y premeditada de miles de millones de USD. Una danza de dinero en un baile de los actores previsibles de la cadena del dinero público. Un típico orden delincuencial creado.


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