reconoce sus orígenes

QUE LOS TUGURIOS NO SEAN ETERNOS

Reforzando la ley 29415

Publicado: 2017-04-05

Escribe : Horacio Gago Prialé (Doctor en Derecho y profesor PUCP) 

Tuve la ocasión de participar el pasado 28 de abril como ponente en el IX Foro Lima Centro Vivo organizado por la Comisión de Vivienda del Congreso de la República, presidida por la Congresista Marissa Glave Remy. Ella ha presentado un proyecto de ley sobre Renovación Urbana donde propone integrar los mecanismos de la ley 29415 dentro de un marco integral para hacer realidad la Renovación Urbana de los centros históricos.

La desprecarización de la propiedad o la definición clara de los títulos es una condición necesaria para cualquier renovación urbana exitosa. Necesaria pero no suficiente. Las demás condiciones son (i) la existencia de recursos para subsidiar adecuadamente a los posesionarios actuales porque se trata de una renovación sin desalojos, (ii) la de recursos para pagar la compensación por el acceso al suelo o la compra de los predios tugurizados a los dueños registrales, (iii) la inversión privada para el desarrollo de proyectos integrales, y (iv) la de licencias de edificación que armonicen la calidad de entorno cultural con las alturas necesarias que permitan la densificación requerida para masificar vivienda de calidad (no vivienda “para pobre”).

Lo anterior supone en primer lugar un bono de renovación urbana. Este sería una realidad hace años si los técnicos del Fondo Mi Vivienda hubieran estudiado la problemática de las zonas históricas, muy distinta a las áreas periféricas de las ciudades. El bono conocido como Techo Propio no obedece a la problemática de los barrios históricos. La puesta en valor de estos depende de la inserción financiera y empoderamiento legal de las miles de familias que los habitan. Estas familias no invadieron esos espacios (por eso se trata de barrios muy especiales), sino que nacieron ahí, les dieron y dan identidad, al igual que sus padres también nacieron ahí y contribuyeron a marcar sus señas. Una ciudad como Lima rinde culto a sus atributos culturales, los mismos que se hayan siempre relacionados con el carácter de la gente, su religiosidad, la gastronomía, arte y música limeñas, señas propias de los barrios antiguos como el Rímac, Barrios Altos, Monserrate, El Callao, todos ellos dentro del mapa de zonas históricas.

Una autoridad con capacidad para gestionar la desprecarizacion de la propiedad (impulsando las declaraciones de abandono administrativo), así como asignar el bono de renovación y apalancar la inversión en proyectos de renovación integrales, con recursos del BID (que se mal usaron al menos en las dos gestiones municipales de Lima recientes), con participación del Fondo Mi Vivienda como banca de segundo piso, sería el mejor modelo. Alberto Andrade lo previó cuando creó PROLIMA, lamentablemente al final de su mandato. Luis Castañeda envileció el modelo eclipsando a PROLIMA para darle todos los recursos a EMILIMA. Y Susana Villarán nunca entendió nada.

Es el momento, tras los desastres y la fuerza de la reconstrucción para tomarse la problemática de los tugurios en serio.


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