EL VOTO PREFERENCIAL : PRIMER TUMOR MALIGNO DEL SISTEMA ELECTORAL
Escribe: Horacio Gago Prialé (doctor en Derecho y Presidente de ELIS)
En nuestro país los partidos políticos tienen dueño. García lo es del APRA, Toledo de PPosible, Keiko Fujimori de Fuerza Popular, Acuña de AP, García Belaunde del otro AP, PPK de PPK, O de los Humala Heredia, etc. Esos dueños tienen sus títulos: los estatutos del partido donde plasman claramente sus prerrogativas de dueños. Los partidos también se venden o alquilan, eso lo sabemos. Cercanas que fueran las elecciones, aparecen los “agentes intermediarios” y predican las bondades del producto. La ley permite trasmutar a los partidos, o sea cambiar de la “a” a la “z”: nombre, logo, colores, ideario, todo. El agente muestra al postor las bondades del partido: “Tiene las firmas completas, el JNE ya las aprobó, la resolución está con la tinta fresca”. Ceden el cargo de personero legal y el postor paga dinero debajo de la mesa.
Hace mucho que los partidos dejaron de ser centros de discusión y debate político y de propugnar lineamientos nacionales. Ahora se venden o alquilan o se convierten en sociedades anónimas.
El voto preferencial, de lejos, es el mayor corruptor del sistema electoral en el Perú. En tiempos de elecciones se repite una subasta de sitios en las listas parlamentarias de todos los partidos. Los postores eligen entre las clásicas (APRA, K, PPK, Acuña), se aproximan con lobistas políticos y ofrecen un monto en US dólares que los jefes de campaña evalúan, y aceptan o rechazan. Un mercado electoral. ¿Quiénes son los postores? Empresarios o lacayos de empresarios decididos a actuar directamente en decisiones legislativas para defender sus intereses privados, o intermediar en los de otros empresarios metidos en lo mismo. A los jefes de campaña o los dueños de los partidos les importa muy poco que su partido sea así de mercantilista. “La ley lo permite”, “esa es la democracia peruana”, “no queda otra porque la campaña necesita recursos”.
El candidato empresario invierte en su propia campaña con el compromiso de promover “de paso” la presidencial del líder nacional o dueño del partido. Hace pintas, contrata spots en radios y TV y coloca paneles. Renta periodistas y encuestadoras; paga hoteles, almuerzos, asesores, camionetas, dádivas. Se la juega. Recuerden sino a Acuña antes de hacer explosión el plagio de su tesis. Crecía como espuma, Favre apostaba por él y subía en las encuestas nacionales sin parar. Un empresario del mundo universitario quería ser presidente, un producto exitoso de la educación, un especimen de una raza diferente. La mentira le pasó factura, pero no se olviden que iba de favorito y ganaba seguro. Anel Townsend no lo olvida, sin duda. Ahora, el mismo mercantilismo de Acuña y PPK se ha repetido para mejorar la posición del gobierno dentro del Congreso. La bancada de Acuña apoya a la de PPK. El último billete de recambio ha sido la presidencia de la asamblea nacional de gobiernos regionales, ganada por el inexperto gobernador de La Libertad (sustituto de Acuña), a quien nadie recuerda rasgo alguno, más allá de su sumisión al líder de la raza diferente.
Cualquier sistema electoral basado en un sistema de toma y daca y pueril mercadeo como el del voto preferencial, arrojará siempre el mismo resultado: congresistas comprometidos con intereses privados de la peor calaña, y jamás dedicados al bien común. No es un asunto de traer a la mente tiempos pasados cuando sí existían políticos con vocación correcta: Sánchez, Prialé, Towsend, Chirinos Soto, Polar, Malpica. No es un asunto de personas, sino de un sistema electoral que el voto preferencial permite e incentiva.
Si de verdad este Congreso quiere cambiar las cosas para bien, que empiece por eliminar el voto preferencial.
Sin voto preferencial se acabarán las subastas, respetará los acuerdos de los partidos, hará transparente …
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