#ElPerúQueQueremos

Somos tribu, seámoslo siempre

Publicado: 2017-12-29

Escribe Horacio Gago Prialé (doctor en derecho)

FV Hayek (el gran economista austriaco) escribió que la tribu dejaba de serlo y evolucionaba a sociedad avanzada cuando creara un sistema de propiedad masiva garantizada por la ley y el Estado. Lo que dificulta este proceso es el hecho básico de la tribu no querer dejar su condición tribal por encontrarse confortable con ella. En el Perú nos encanta ser tribu.

Tras los sucesos de las últimas semanas: (i) fiscales que no investigan la corrupción de las grandes firmas (y solo lo hacen tras presión política), (ii) la revelación de que el Presidente era el artífice y sumo sacerdote de la puerta giratoria, (iii) la negociación soterrada del mandatario con la facción “kenjista” para salvar su carrera, (iv) la duda cartesiana de ministros y congresistas oficialistas de continuar o apartarse del Presidente, y (v) también (por supuesto) el indulto a un ex presidente autoritario sentenciado injustamente a 25 años por la tribu de jueces politizados que, para lograrlo, manejaron una doctrina penal no homologada en el mundo; tras todo eso me queda claro que somos un manojo de tribus. Como la Yugoslavia de Milosevic, se me viene a la mente.

El serbio Milosevic y sus seguidores justificaron la limpieza étnica contra los albano kosovares en derrotas en batallas lejanísimas (año 1389, batalla de Kosovo). La tribu hace del odio una hoguera que ilumina su camino para encontrar formas y modos de seguir odiando. Esa hoguera ilumina pero también enceguece a tal punto de hundir países enteros, como le pasó a la Serbia de Milosevic. La tribu necesita moverse con pocas -pero claras- ideas que expliquen a todos, desde los niños hasta los ancianos, que la nuestra es la tribu buena y el enemigo absoluto es la contraria. En el Perú la cosa es similar: para las tribus predominantes, Fujimori es un criminal y los fujimoristas sus cómplices, a los cuales hay que extinguir de la faz de la tierra (no importa que las tribus menos predominantes, sumadas, elijan de modo masivo a los fujimoristas para el Congreso).

Uno de los peores errores de la tribu de Fujimori (además de su innecesaria alianza con el corrupto y criminal espía de la CIA, Vladimiro Montesinos), fue alimentar en las tribus contrarias, la de los caviares y la de la “mancha blanca” encabezada por PPK, un odio solo comparable con la propia arrogancia de Fujimori, es decir inmensa. Nunca hizo migas sinceras con ningún poder fáctico. Creyó que controlando el ejército y siendo afín a Cipriani (el cardenal del Perú más odiado de la historia del país), era suficiente. El Chino se jactaba de no leer ningún libro. Ergo, a su orgullo no interesaba experiencia histórica alguna en ningún sitio. Como matemático puro, para Fujimori el álgebra era lo único importante. Con las matemáticas había logrado bastante joven (44 años de edad) ser rector de una universidad tan importante como la Agraria. Y como candidato, con 20 mil dólares prestados por su esposa Susana y un tractor, pasó a segunda vuelta y ganó a Vargas Llosa (el líder de la tribu blanca) en 1990. Ya Presidente, sumando y restando, como buen decano que fue del departamento de Ciencias de la UNA, consiguió el respaldo del 80% de los peruanos al autogolpe del 5 de abril.

El problema fue que en la pizarra de la realidad tribal, las ecuaciones de tres incógnitas no funcionan. La verdadera pizarra que olvidó el Chino fue la del toma y daca mercantilista (le falló no entablar amistad con PPK) y alguna alianza verdadera con El Comercio (y sus subsidiarias) y también con la tribu de la izquierda pituca, esta última la pudo gestar (pero no lo hizo) con el mismo Alejandro Toledo cuando el hoy prófugo derramaba alabanzas al gobierno.

Es una pena que la realidad tribal impida el desarrollo y que no podamos seguir el consejo de Hayek: emanciparnos de esa condición inferior en base a la libertad auténtica solo sustentada en derechos de propiedad masivos.


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